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martes, 29 de noviembre de 2011

Caperucita Roja.


Cuenta María Luisa la de Cuenca, una gran mujer, vecina en Macisvenda y en cuya casa pasé mi infancia.

Mi madre enseñó a sus hijas a dar puntadas, a coser tímidamente, a cambio de que ellas me enseñaran el arte de leer, de amar los libros, mi madre capaz de copiar cualquier modelo de alta costura, se negó a enseñar a su única hija a enhebrar una aguja, siempre que yo cosía era para mi madre un anatema, algo prohibido, en mi casa podían haber 10 personas aprendiendo, pero para mi madre,  ver a su hija con un paño en la mano, era una distracción pasajera, un pasatiempo sin importancia, sin embargo me envía con María Luisa, a su casa, antigua como la mía, de esas viejas familias que lo fueron, cuando la tierra daba el fruto que ahora despreciamos, su casa era antigua, olía a tiempos pasados, pero estaba llena de libros  y libros, aún en muchas de mis lecturas, marcho relajada a aquella silla y mesa, y desde ahí recreo las escenas que cuentan los libros.

  Mi madre me enviaba, porque quería que despertaran en mí, esa parte, que ella al haber renunciado a estudiar, había descartado de su personalidad, pero sabedora que yo la tenía, o simplemente porque la anhelaba, hizo que junto con mis juegos y diversión, con asaltar el patio hasta que no existía el sol, pasara mañanas y tardes en aquella casa, leyendo con voracidad, escuchando historias, de la abuela Doña Gregoria, nacida en la época de mi bisabuela y maestra, con ella siempre en verano estaban su hija y las nietas, allí se respiraba la sabiduría que mi madre, intrépida deseaba que yo atrapara, como si fuese portadora de los mejores deseos de mi alma...

María Luisa, que ahora estará llegando a los ochenta,  con sus ojos azules, y la sabiduría de conocerme desde siempre, cuando me ve, siempre sonriendo, siempre cantando, siempre viviendo, me mira, se fija en mí  y me cuenta;

 "Subías toda la calle arriba, eras tan pequeña que ni se te veía, menuda y risueña, y cantabas....

     - Tratalara la a rla rita...llevo la comidita....-Eras como caperucita con su cestita...

Yo sonrío, pienso que Caperucita ya está lejos, ahora soy adulta, pero me gusta la anécdota que Maria Luisa me cuenta...yo no me veía ni escuchaba, yo era yo, y una niña sólo puede y debe cantar y reír, sin más.

¿Sigue la caperucita mamá? ¿Existe todavía en la adulta, la encuentras con treinta y muchos años?.

Continúa invencible, continúa cantando. Verás hija, hoy  cuando iba al gimnasio, me sorprendí cantando y sonriendo, y me observé y miré, que bella vi a caperucita, que belleza la de llegar al lugar-blanco, donde sonríes-. Me acordé de María Luisa, de la tierra que se nos presta para caminar, para respirar, teniendo la certeza de que la abandonaremos y sólo elegimos cómo pisarla, qué pensamientos verterle...

Conocí una triste historia, alguien perdió el norte, la cabeza hizo   "chasss". Y me puse triste, y volví a recordar que la mejor opción es la de la alegría que nos sale de dentro, del fondo del corazón.

¿ Y tú ahora?

Volví son momentos, instantes que te colapsas, que la Caperucita pierde fuerza, pero si perseveras vuelve a aparecer, vuelve a brillar alto en tu interior. A veces los acontecimientos nos entristecen, pero si perseveras, sis aguantas, si piensas que pasará la alegría vuelve, y te soprendes cantando por la calle sin más.

Cuando volvía del gimnasio, alguien me preguntó, ¿Pero tienes objetivo?...¿tienes motivación?...Por supuesto, la vida, y vivirla, yo estoy enamorada de la vida...

Estas de vuelta Esther...Irrumpió la abuela desde el lugar sin nombre.

¿Apagarías la vela?

Ya no la encendería Santa, ya no. Volví hace tiempo, ahora vivo los frutos de mi retorno.

Sabes lo mejor ante esa pregunta fue mi sensación-, por supuesto, mi objetivo ES LA VIDA...y no importa si lo perdemos, sólo debe ser momentáneo, no importa lo que nos suceda mientras, si siempre rebuscamos a caperucita, si siempre acabamos cantando y teniendo un objetivo, una motivación, por la vida no se puede pasar sin ello, y lo que sí que es una solemne tontería, es pensar que el objetivo sólo lo constituyen unos hijos y un matrimonio con dinero, un trabajo que te lleve a ser millonario o un crucero perpetúo en las BAHAMAS, el objetivo eres tú que recorres éstas líneas, son las personas que te rodean y tu relación con ellas, el objetivo es cantar y llorar, es sentir y detestar...es sentir...sólo eso.

-. Se la dedico a María Luisa la de Cuenca, por la niñez que pasé en su casa, por La gotita de agua, y la Familia Gallete, los libros que nos regalaron a mi hermano y a mí como premio a nuestra afición. Pero sobre todo se la dedico a la percepción de María Luisa, al ver a mi Caperucita, tan escondida a los ojos de las personas que lo ven todo negro, se lo dedico porque la vio, la admiró y me lo contó para que yo no me olvidara de ella...Y NO LA DEJARA MORIR EN EL BAUL DE LOS RECUERDOS...

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