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martes, 7 de diciembre de 2010

LA CHIMENEA.(Pura utopía).

Cuando mi alma sepa que sólo la espera la muerte, yo quiero estar junto a ti en la chimenea

Estoy de retiro.
-¿De verdad mamá?, en un monasterio.
No…en Macis, en la Verja, en mi mundo, ya sabes, no me hagas soltar el rollo.
- ¿Y qué estás haciendo?.

Básicamente, Mirar la chimenea, ver la chimenea, disfrutar la chimenea. Me he dado cuenta hija mía, que durante el verano, buscamos la luz del sol, la playa, el calor, la eterna luz del sol, que nos ilumine, nos de calidez, y durante el invierno buscamos la chimenea, su calor, su luz, el sonar de los troncos, esos troncos que te hablan, suenan acompañándome, me miran, se mueven y desprenden todo su calor envolviéndome.  De algún modo siempre buscamos la luz, la necesitamos.

- ¿Y qué le has contado a la chimenea?.

Me he dado cuenta de que deseo con todas las fuerzas que existen en el Universo, sentarme en torno a ésta chimenea cuando cumpla los 90 años, y mirarte, cabreado como siempre, atragantado con algo que no sabes ni qué es, pero que te tiene profundamente cabreado…

Me he dado cuenta de que apetece recorrer el camino, con todos mis miedos, con la sensación de que el Universo se puede, se volverá a hundir, seguro pero existen momentos en los que necesitas recorrer el camino.

Deseo sentarme en torno a éste fuego, cuando las arrugas me hagan invisible, pero continúe mi entereza, cuando tu altura sea una ilusión de tu juventud, pero continúe tu carácter, y recordar que un día nació mi hija con el nombre de mi abuela, que la criamos, que la amamos y posee una vida, la suya, que nació mi hijo, con tu nombre, que lo criamos, que le amamos, y tiene una vida, la suya. Que tenemos una nieta, con mi nombre, como yo, repelente pero segura… y la amamos. Repitiéndose la historia de 1920, que la pequeña inscripción de la Verja, cobra vida, olvidando por el paso del tiempo quien fue más dueño de la misma.

Cuando ya tu cuerpo no exista ni el mío, cuando el deseo sea una ilusión de nuestra mente, porque todo se evaporó con el tiempo, cuando las arrugas me hayan hecho más bella todavía, y a ti más bello todavía, alcanzando el imposible. Cuando una noche de invierno nos envuelva la tierra que ambos amamos. Cuando mi alma sepa que sólo la espera la muerte, yo quiero estar junto a ti en la chimenea, y recordar que tuvimos una vida, que aplacó los amargos recuerdos, que paró el caballo que ambos llevábamos dentro.

Deseo tenerte a mi lado en la chimenea, conversar, mirarte a los ojos, con la fuerza de antaño, mirarte y saber que te quiero, sentirte y saber que te quiero, saber que estas cerca, que siempre lo estuviste. Mirarte y saber que me quieres, que sigues levantando tus ojos, sabiendo que me quieres. Que me buscas porque siempre necesitas que esté ahí. Cuando tu alma sepa que sólo espera la muerte, quiero que estés a mi lado en la chimenea y recordar que tuvimos una vida, que aplacó los amargos recuerdos, porque por fin fue bella, tan bella como supimos crear.

Quiero cumplir los noventa a tu lado, en mi chimenea, en mi pequeño mundo. Mirar el fuego, y saber que te tengo a mi lado.

 Cuando nuestra almas esperen paciente la muerte, quiero tenerte a mi lado en la chimenea y saber, recordar, que sólo ella supo un día, que ambos siempre la echábamos de menos, que sólo ella era capaz de hacernos recordar, que un día, en nuestra infancia, un día lejano, fuimos felices, nada más.

Te quiero pequeño necio que impides que tu caballo deje de galopar.
Mamá te has lucido.

Ha sido la chimenea, hija, mañana seré la misma. Hoy la chimenea me ha contado, mientras sus troncos ardían, que es cierto que cuesta, que tienes que invertir mucha energía en él, pero existe un MUNDO MEJOR, tenemos que tener las fuerzas de crearlo.

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